COVID-19: El pensamiento sistémico

Durante la crisis del COVID-19 estamos reflexionando sobre los tipos de pensamiento que forman la base cultural necesaria para la gestión sostenible. Tratamos de extraer conclusiones a partir de una situación extraordinaria, que nos permitan obtener aprendizajes para el futuro.

Comenzamos con una reflexión sobre la importancia del “Pensamiento estratégico”, continuamos con el “Pensamiento transfronterizo” y hoy publicamos el “Pensamiento sistémico”.

Los antecedentes del pensamiento sistémico

El hombre siempre ha querido conocer la naturaleza, el porqué de su comportamiento, sus leyes y patrones de conducta para poder someterla a su voluntad. “Dominad la tierra”, aparece desde el Génesis como un mandato divino.

En el siglo XIX, un estudioso de las matemáticas logró una Cátedra en la Escuela Politécnica de París, de la que fue destituido tras la publicación de su obra más importante, “Cours de philosophie positive”, por la considerada “inmoral falsedad de su materialismo matematizante”. Esta obra, sin embargo, sentó las bases de un nuevo enfoque del pensamiento, que resultó ser de los de mayor prestigio y difusión.

Nos referimos a Augusto Compte. Este pensador aspiraba a: “Savoir pour previor, prevoir pour pouvoir” literalmente, “Saber para prever, prever para poder”*.

No falta quien vea la historia de la filosofía (o historia del pensamiento occidental), como una lucha histórica contra la irracionalidad; en este sentido, es destacable que la razón se erigió en el siglo XVIII, en el contexto histórico y cultural de la Revolución Francesa, como la nueva diosa que venía a poner luz sobre el oscurantismo de la Edad Media.

El positivismo siguió al pensamiento idealista y romántico y lo desplazó en un contexto de avances importantes, tanto en el campo de las ciencias naturales como en el desarrollo del comercio y la industria.

El positivismo, con sus numerosas ramificaciones, fue una de las corrientes de pensamiento de mayor prestigio y difusión en el siglo XIX, si exceptuamos el kantismo. Este pensamiento, que dominó en toda Europa en la segunda mitad del siglo XIX, toma como punto de partida y modelo de racionalidad, la idea de que solo se pueden conocer los hechos, sus relaciones y sus leyes.

Por positivo se vendría a entender todo lo que puede considerarse como un hecho, o como un dato de la experiencia. Esta forma de pensar propone, como paradigma de racionalidad, la racionalidad científica y a la ciencia, como guía de la humanidad.

La ciencia se asemeja, de este modo, a una cosmovisión que pretende sustituir a la filosofía.

Pero en el siglo XX las geometrías no euclídeas y la teoría de la relatividad de Einstein (1955) enfrentaron a la ciencia con sus propios límites. Abrieron la posibilidad de considerar las leyes de la naturaleza como hipótesis, como sistemas de referencia no absolutos, lo que supone una posición más modesta y comedida que la adoptada por los excesos del positivismo cientificista.

Una ciencia más humilde es una ciencia consciente de la necesidad de mejorar, de avanzar, con una inversión en los recursos necesarios para que la humanidad pueda encontrar en ella el apoyo necesario para resolver problemas, como el que ahora mismo ocupa al mundo entero; encontrar tratamientos eficaces o una vacuna contra el CV-19.

Las ciencias de la complejidad: el paso al pensamiento sistémico

«La irrupción del paradigma de la complejidad y la propuesta de pensamiento complejo”, de Edgar Morín, en el paisaje científico contemporáneo ha provocado, sin duda, un replanteamiento de los fundamentos mismos de la racionalidad occidental.*

La observación de los sistemas estables se completa con la observación de los sistemas abiertos, los que no siguen un patrón fijo de comportamiento previsible, dando lugar a la llamada teoría del caos de Eduard Lorenz (1917-2008) y del conocido ‘efecto mariposa’, que produce grandes impactos debidos a pequeñas alteraciones en los valores de las variables iniciales.

Imagen de una espiral fractal

Las matemáticas fractales y la geometría fractal también surgen de la observación de formas geométricas caprichosas en la naturaleza, como la forma de una nube o de un copo de nieve, que no se atienen a la geometría tradicional de las líneas y curvas en los planos. Son, entre otras, variantes de las ciencias de la síntesis o ciencias de la complejidad.

Es en el terreno de las ciencias de la complejidad donde tiene su propio espacio el pensamiento sistémico.

“El pensamiento o enfoque sistémico es una de las primeras vertientes de la complejidad que piensa en términos de conectividad, relaciones y contexto. Entiende los sistemas como totalidades integradas, cuyas propiedades no pueden reducirse a sus partes”.*

Estamos ante una forma de pensamiento que se centra en conocer las interrelaciones entre los objetos o las partes conectadas y en comprender su funcionamiento. El interés no reside tanto en conocer las partes aisladas, aplicando metodologías específicas del campo de dominio de una determinada ciencia, ni en las aportaciones separadas de los equipos interdisciplinares. Su enfoque, más que interdisciplinar, es transdisciplinar. Su originalidad se basa en que busca los patrones comunes y los modos de interrelación entre las partes, para comprender el funcionamiento del conjunto. Este propósito también requiere su propia metodología de trabajo.

La metodología sistémica aplicada a los sistemas de gestión

Veamos, de forma sencilla, cómo los elementos principales de la metodología sistémica pueden ser aplicados a la metodología de creación de un sistema de gestión.

Fuente: elaboración propia.

Los procesos y sus salidas son componentes del sistema global de gestión. El sistema tiene entradas y salidas que se relacionan con otros sistemas.

La gestión de la calidad de las organizaciones ha sufrido, en los últimos años, cambios de enfoque muy importantes. Desde las normas que contenían requisitos para el “aseguramiento” de la calidad de los años 90, se ha evolucionado claramente hacia los referenciales para el diseño e implantación de “sistemas” de gestión. Con el enfoque sistémico, la gestión de la calidad pasa de ser un “modelo de aseguramiento” a un “sistema de gestión”.

El modelo de “aseguramiento” se fundamentaba en la documentación y cumplimiento de una serie de procedimientos. Esto, en su momento, supuso para muchas organizaciones salir de un estado primitivo de madurez de gestión sin referencias sólidas. Es éste un estado que se caracteriza por una gestión con planificación débil, centrada en la gestión de las urgencias del día a día. Los protocolos y estándares de gestión han supuesto un salto gigantesco en la cultura de las organizaciones, aportando soluciones basadas en buenas prácticas.

Del modelo de aseguramiento se dio un salto cualitativo tremendo al pasar al enfoque sistémico, basado en la arquitectura de los procesos y sus interrelaciones. Este enfoque ha permitido también facilitar la integración de diferentes sistemas de gestión en base a una arquitectura común, llamada HLS (High Level Structure), publicada por la organización internacional ISO.

La estructura HLS está organizada en torno al concepto de la gestión integral, tratando a la organización como parte de un ecosistema. La gestión comienza con el análisis del entorno, continúa con la planificación de los objetivos, la ejecución y evaluación de los resultados y finaliza con una nueva entrada al ciclo de planificación, con los aprendizajes derivados de la evaluación anterior. Estos aprendizajes sistemáticos, derivados del ciclo de gestión, son la base del crecimiento del conocimiento en la organización. Conocimiento que resulta el activo estratégico clave para la mejora continuada de los resultados, la sostenibilidad y la competitividad de la organización.

Este modelo de gestión global del ciclo integral de la gestión es el que también subyace en todos los modelos de gestión de reconocido prestigio como son: el Modelo Europeo EFQM, el Modelo de Excelencia Iberoamericano o elModelo e” de EBV Consultores.

El efecto sistémico del CV-19

Con el CV-19 tenemos un claro ejemplo de cómo el impacto de las medidas sanitarias adoptadas se trasmite al medioambiente, a la pureza del aire o a la economía y al bienestar de los ciudadanos. Las medidas sanitarias han tenido un efecto dominó, arrastrando caídas del PIB Mundial y de los PIBs nacionales sin precedentes. Los subsistemas han funcionado a modo de vasos comunicantes, como subsistemas de un único sistema, donde nada ha funcionado de manera independiente.

Incluso comportamientos de signo contrario de dos subsistemas, como la producción mundial y la bolsa, tienen una explicación conjunta como partes del sistema económico. Así, a pesar de los malos datos del PIB, la bolsa ha venido reaccionando de forma alcista frente a las expectativas de disponibilidad de las personas para la producción de bienes y servicios, las expectativas empresariales de recuperación económica, o las noticias sobre tratamientos de la enfermedad CV-19 y la posibilidad de encontrar una vacuna. En la capacidad para entender los subsistemas y sus relaciones reside la importancia del pensamiento sistémico.

La necesidad de actuar de forma colaborativa es una de las conclusiones más obvias del pensamiento sistémico. Los ecosistemas no son independientes, ni los resultados de unos procesos son independientes de otros. Por ejemplo, el sistema de silos con el que funcionan muchos departamentos en las organizaciones impide la comprensión de la realidad y, en consecuencia, dificulta y retrasa la solución de los problemas. De este modo, unos protocolos limitados a los protocolos de recepción y limpieza en los hoteles no bastarían para crear la confianza que el sector turístico necesita para poder entrar en una vía de recuperación sostenible.

Las soluciones de COVID FREE que se están diseñando por los gobiernos y las empresas certificadoras de sistemas de gestión, entre otros, no deberían quedar en la elaboración de una lista de protocolos, que pueden quedar obsoletos en poco tiempo. Es, en la gestión sistemática de los riesgos y la medición de los resultados, donde está la clave de la generación de la confianza y del funcionamiento normalizado de la economía, como motor de bienestar para las personas. Es este enfoque, el que se ha adoptado en las soluciones inteligentes que tienen en cuenta todo el ciclo completo de procesos relacionados con la experiencia del cliente, tanto en servicios aéreos, aeroportuarios, transporte, servicios comunitarios, hostelería y restauración.

Conclusiones

Esperamos que estas enseñanzas y reflexiones propiciadas por la crisis del CV-19 no caigan en terreno pedregoso y se pierdan, sino que sean semillas que den fruto. Las oportunidades para aprender en las adversidades son una autentica bendición. Los efectos transversales de la crisis refuerzan la convicción de que una buena gestión sistémica de los procesos y de la estrategia en las organizaciones no tiene precio en una sociedad moderna y avanzada. Su valor para las organizaciones es crítico y las oportunidades no siempre se repiten. Es un momento crucial para conseguir aumentar la conciencia de la importancia que las personas tienen, tanto para nuestro bienestar emocional, como para el sistema productivo y el bienestar social. El trabajo en equipo y la colaboración responsable son la premisa esencial de todo el ecosistema humano. Es responsabilidad de los líderes empresariales y sociales adoptar un paradigma o modelo de pensamiento y un estilo de gestión avanzados, utilizando herramientas basadas en modelos de pensamiento sistémico que se adecuen a los nuevos tiempos.

El Pacto Mundial y su programa de objetivos 2030 son una oportunidad de oro para hacer que los negocios adopten este enfoque de gestión estratégica y sistémica y contribuyan, de forma eficaz, a mejorar de manera global el conjunto de nuestro ecosistema humano.

*Klimke Colomer, Historia de la Filosofía. Pg. 649.

*Barberousse, P. «Fundamentos teóricos del pensamiento complejo de Edgar Morin». Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4781017.pdf 

*Noboa, A. «Pensamiento sistémico, complejidad y ciencias sociales: las bases epistemológicas de las metodologías participativas». Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6482142.pdf 

Artículo firmado por:

Carlos Padrón

Economista, Graduado en Ciencias Teológicas por la Universidad de Granada, exdirector y socio fundador del Grupo EBV Consultores, empresa dedicada a la consultoría de gestión y a formación en este campo. Es coautor del “Modelo e” de gestión estratégica.

¡Comparte este contenido!