COVID-19: El pensamiento emprendedor

Levar anclas

Ésta es la cuarta entrega de una tetralogía de reflexiones sobre los paradigmas o modelos de pensamiento que pueden dar soporte a una cultura de gestión empresarial avanzada y consistente con las necesidades sociales, medioambientales y económicas de los tiempos actuales. Gracias al COV-19, hemos podido “pensar sobre el pensamiento”, y los conceptos que forman parte de la cultura empresarial, arriesgándonos a escribirlos en este formato de reflexiones para compartir.

El “pensamiento emprendedor” sigue a las anteriores publicaciones de EBV dedicadas al “pensamiento estratégico”, el “pensamiento transfronterizo” y el “pensamiento sistémico”. El hilo conductor de estas reflexiones, o insights, es explicitar algunas de las formas de pensamiento y enfoques que creemos que ayudan a fortalecer las bases de una filosofía de gestión empresarial consistente con la idea de empresa socialmente responsable y sostenible.

Es este un propósito que consideramos bastante pretencioso, pero que se va abriendo camino a una velocidad que nos gustaría que fuera mayor. Abandonar formas de pensar y creencias por otras, aunque puedan ser más sólidas, no es tarea fácil. Los ejemplos son incontables, pero tenemos uno en Augusto Compte, expulsado de su cátedra en París, como castigo por sus tesis, consideradas “matematizantes”, contrarias al pensamiento anterior al que Compte llamaba “antiguo régimen mental”.

También sabemos que Copérnico y Galileo dieron, hace ya unos quinientos años, el soporte científico a la teoría llamada heliocéntrica, contraria a los que afirmaban que la Tierra, y no el Sol, era el centro del Universo. Este nuevo pensamiento hizo entrar en crisis la confianza en la información proveniente de la percepción de los sentidos, al demostrarse que éstos nos engañan, porque, al contrario de lo que se ve, no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra. A pesar de lo aprendido sobre esto en la escuela, todavía hoy decimos que el sol sale y el sol se pone.

Los antecedentes del pensamiento emprendedor

Emprender, innovar, inventar, descubrir, cambiar, renovar o modernizar, son una condición propia del hombre. La especie más primitiva antigua del género Homo, el “homo habilis”, ya fabricaba herramientas sencillas de piedra para cortar. Era la industria lítica, de hace más de dos millones de años, con la que conseguían un mejor despiece y distribución de las grandes capturas.

La capacidad de producir excedentes agrícolas permitió el trueque y el posterior uso de los metales como el oro y posteriormente el dinero, que impulsaron de forma decisiva la facilidad para las transacciones de mercancías. En la Edad Media se practicó el comercio transnacional a través de las rutas comerciales como La Ruta de la Seda, la de La Sal o los Tintes, y de forma especial la llamada “Ruta de las Especias”. Este comercio no sólo pretendía satisfacer la demanda europea de estas mercancías, sino que motivó el descubrimiento de América. Las nuevas rutas comerciales, la abundancia de oro y el surgimiento de los grandes bancos europeos, transformaron la economía medieval.

Finalmente, la revolución industrial y su impacto en el transporte (siglo XIX), nos pusieron en las puertas de la economía moderna y del concepto de emprendedor con la importante carga económica con la que hoy se entiende. Esto ha ocultado el sentido más extenso del término “emprendedor”, más relacionado con una característica del ser humano, que con un término relativamente antiguo que se ha puesto de moda recientemente, y con un significado sobre el que existe poco consenso. Haz clic para ampliar la información sobre el concepto de emprendedor en este artículo de Arantxa Azqueta Díaz de Alda.

Lo sustancial del pensamiento emprendedor

Peter Drucker, consultor considerado padre del management, quien primero fue profesor de filosofía, es conocido como uno de los pensadores más influyentes en cuestiones de gestión empresarial hasta su fallecimiento en 2005. Él dio impulso a la formación en este campo, publicando además uno de sus libros “Innovation and Entrepreneurship. Practice and Principles» (1985), dedicado al tema. Nido Qubein, como invitado al I Foro Mundial para emprendedores de 2008, expuso que el pensamiento emprendedor es un “pensamiento centrado en generar valor.

Podemos aproximarnos al concepto con la siguiente definición: “Se habla de creación de valor como la capacidad que tienen las empresas o sociedades para generar riqueza o utilidad por medio de su actividad económica. En el ámbito de la dirección estratégica, se define a la creación de valor como el principal objetivo de las sociedades mercantiles y su razón de ser.” (1)

Una refrescante idea es la de “Creación de Valor Compartido” aportada por Michael Porter, que primero fue militar y después profesor en la Escuela de Negocios de Harvard, conocido como padre de la estrategia. Lo explica él mismo de la siguiente manera: “La creación de valor compartido (CVC) consiste en la capacidad de una empresa para ir más allá de satisfacer las necesidades del cliente y abordar necesidades sociales fundamentales a través de su modelo de negocio.» (2)

Fuente: Creating Shared Value Explained. Harvard Business School. Enlace: https://www.isc.hbs.edu/creating-shared-value/csv-explained/pages/default.aspx 

Estamos ante un giro del pensamiento sobre la economía empresarial muy bien remarcado por Carolina Biquard. Como Directora General de la Fundación Compromiso, desde el primer párrafo de su prólogo a la edición en español del Manual de Autoevaluación de la Fundación Drucker, escribió que: “El próximo milenio nos encuentra instalados en una nueva cultura económica, asociativa y cívica que Peter Drucker llama post-capitalista.” (3) El referido manual, editado en 1999, desarrolla además una metodología precisamente para reorientar la planificación estratégica de las organizaciones a la creación de valor.

Este pensamiento estratégico centrado en la creación de valor es el que se expresa, desde su ideación en 2002, en la razón social “Excellence and Business Value, S. L.” (EBV). Así pretendíamos destacar el propósito de creación de valor del proyecto EBV ayudando a las empresas y organizaciones a mejorar la gestión y los resultados.

La actitud emprendedora

El perfil de competencias del emprendedor incluye la capacidad creativa, la visión de negocio, el sentido de la oportunidad, la capacidad de actuación bajo riesgo, decidir con incertidumbre, coordinar recursos y liderar personas. La proactividad, el entusiasmo, la profesionalidad, la constancia, la paciencia y sobre todo la actitud emprendedora forman parte de la abrumadora lista de competencias personales que se consideran imprescindibles para el logro del éxito en el proyecto del emprendedor.

El perfil de competencias del emprendedor incluye la capacidad creativa, la visión de negocio, el sentido de la oportunidad, la capacidad de actuación bajo riesgo, decidir con incertidumbre, coordinar recursos y liderar personas.

Nos inclinamos, sin embargo, a pensar que no hablamos de un superhéroe o heroína, sino de personas con el miedo suficiente para tener que pararse a valorar concienzudamente las amenazas, a prepararse para lo peor, a equilibrar las emociones con las razones y, finalmente, a no quedar bloqueados ante las abrumadoras dificultades que la idea pudiera tener.

Motivaciones para el emprendimiento

La decisión de emprender puede tener una gran diversidad de motivaciones, entre las que desatamos las tres siguientes:

La autorealización

Es una aspiración o un sueño que persigue desarrollar el potencial personal, las capacidades de creatividad e innovación y las ganas de colaborar o de desarrollar un proyecto inspirador, en el que el esfuerzo de trabajar cada día valga la pena.

La obligación

Surge cuando se está fuera del mercado laboral o se desea estar fuera de él para crear un proyecto de trabajo propio. Ésta es una situación muy peligrosa, porque la necesidad personal y la oportunidad de mercado no siempre están alineadas. Es muy llamativo que Daniel Kahneman sea, precisamente por sus trabajos pioneros en psicología sobre el modelo racional de toma de decisiones, el primer premio nobel de economía otorgado a no economista. Kahneman en resumen explica la existencia de dos sistemas en nuestra manera de pensar. El sistema 1, que es rápido y emocional, y el sistema 2, que es más lento, deliberativo y lógico. Ambos sistemas deben funcionar si queremos evitar los sesgos cognitivos al evaluar un proyecto nuevo. (1)

Las creencias erróneas

Por increíble que pueda parecer el proyecto como empresario, también atrae a personas que piensan que es cosa fácil, que basta con tener el capital inicial o una buena idea y cosas similares. Asocian la figura del empresario a la de trabajar lo mínimo y ganar lo máximo, sin caer en la cuenta de que el emprendedor más bien empieza por trabajar lo máximo para ganar lo mínimo. Por lo que he podido ver, el resultado suele ser el desistimiento temprano del proyecto o la separación del equipo si este emprendedor forma parte de uno, más que el cambio de pensamiento y la adaptación cognitiva a la realidad.

Resistencias al pensamiento emprendedor

La mentalidad anti-empresarial

Las ideologías contrarias al sistema económico de empresa privada y al funcionamiento de la economía en un contexto de mercado suelen asociar la actividad empresarial con la explotación, el abuso y los desmanes cometidos contra los trabajadores y a la pasión por el “vil metal”.

Cierto es que hay culturas más tolerantes que no consideran los negocios como actividades impropias de las buenas personas, pero con más frecuencia de la deseable nos encontramos con este tipo de ideas que producen una lógica desafección a la actividad empresarial y al emprendimiento.

La aversión al riesgo

El gran Paul Samuelson, un gigante de los economistas del siglo XX, le preguntó a un amigo si aceptaría un juego con lanzamiento de moneda en el que podía perder 100 dólares o ganar 200. Su amigo respondió: “No apostaría, porque sentiría la pérdida de perder 100 dólares más que la alegría de ganar 200.” (4) Es un ejemplo bastante ilustrativo de la aversión al riesgo.

La aversión al esfuerzo

Kahneman también comenta que aborrecemos el esfuerzo mental, y algunos estudios han detectado el problema de aumento de la aversión al esfuerzo en nuestra sociedad. Cada vez son más las personas que prefieren trabajar en algo que suponga poco esfuerzo y responsabilidad, aunque conlleve una menor satisfacción con la vida, infelicidad y aburrimiento.

Las formas de emprender

Van desde el emprendedor individual, parejas, tríos, cuartetos o colectivos más numerosos que suelen adoptar la forma jurídica de sociedades cooperativas, fundaciones, sociedades anónimas laborales y otras formas jurídicas de organización. Veamos brevemente tres de los más relevantes:

Emprendedor individual

Es la figura más frecuente. Se trata de una persona esforzada, generalmente solitaria, que afronta multitud de problemas que con frecuencia no puede resolver sola, motivo por el que debe acudir a los apoyos externos para afrontar las muchas barreras y dificultades a las que se enfrenta.

El emprendedor solitario suele tener “alma de francotirador” y prefiere ir solo a ir bien acompañado. El proyecto tendrá siempre unos alcances limitados a la capacidad del emprendedor y tendrá muchos boletos ganadores para la lotería de la mortalidad empresarial. Hay quien prefiere “ir solo en vez de bien acompañado”, pero también es posible creer más en el proverbio que dice : “Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.

El equipo emprendedor

La emprendeduria de equipos formados por parejas, tríos y cuartetos o equipos cortos, son los casos de viaje de emprendedor con compañía. El equipo es la gran solución. Sin embargo, cuando afrontamos proyectos con pretensión de sostenibilidad y vocación de duración en el tiempo, aparecen debilidades incluso ocultas al principio, que llevan al proyecto a engrosar las altas tasas de mortalidad.

Son muchas las causas de los fracasos que no siempre están en la financiación, las competencias profesionales o la típica estructura de participaciones igualitarias que bloquea las decisiones. La vulnerabilidad más severa es la que reside en las personas. Los lobos solitarios, los freeriders, los busca medallas, los que ocultan información, los que utilizan vías informales de poder para beneficiarse, los que envidian el buen trabajo de otros, los que no se implican a fondo, los que se acoplan a los principios de la holgazanería social (5), los que arriman trabajo propio a otras personas, los que dan prioridad total a sus intereses personales, pueden encontrarse en los equipos con más facilidad y frecuencia de la deseable.

Por tanto, resulta esencial desarrollar actividades de construcción de equipos y cultivar constantemente el clima de trabajo armonioso, propio de un equipo de alto rendimiento, sin que deba temblar el pulso para separar del equipo a los miembros tóxicos.

El emprendedor no empresario

No se trata de una contradicción en los propios términos. Hay personas con capacidad para desarrollarse dentro de un entorno laboral como trabajador por cuenta ajena, alineadas con el compromiso de crear valor. Aportan creatividad, innovación y desarrollo de ideas desde su espacio de trabajo, no solo relacionadas con su ámbito específico, sino desde la visión del conjunto del proyecto. Estas personas tienen iniciativa propia y se comprometen con firmeza. Trabajan bien en equipo y no les preocupa quién se pone las medallas, sino el propio éxito del proyecto. El motor de la motivación no es un agente externo, sino el placer del trabajo con sentido y bien hecho acompañados de personas fiables.

En estos tiempos de pandemia del COV-19, hemos podido ver científicos, biólogos, epidemiólogos y profesionales sanitarios que mantienen un perfil bajo de visibilidad y notoriedad, que trabajan de manera esforzada, con vocación, entusiasmo y altos grados de libertad y responsabilidad, propios de la actitud y el pensamiento emprendedor. Son un ejemplo de trabajadores emprendedores en el sentido amplio, comprometidos a fondo con sus proyectos, que no pueden ni deben quedar ignorados.

Los emprendedores colectivos

Los proyectos de emprendeduría que adoptan formas de organización colectiva tipo cooperativas, sociedades laborales, empresas familiares, organizaciones no gubernamentales, etc., son otras formas de organización, que, a pesar de sus importantes puntos fuertes, no dudaría incluir entre las de alto riesgo de mortalidad o de infrarendimiento. El emprendedor líder, con capacidad para arrastrar con el ejemplo, se convierte, en estos contextos donde todos quieren mandar, en una figura clave imprescindible para asegurar el rendimiento y la sostenibilidad en este tipo de proyectos. Son proyectos de una gran complejidad desde el punto de vista de las relaciones humanas y su tratamiento se sale del alcance de esta reflexión.

Conclusiones

Las personas, cumpliendo con disciplina de hábitos higiénicos y demás recomendaciones de la OMS, están siendo la clave para superar la pandemia COV-19. Ese mismo protagonismo realista y sin ingenuidades nos toca en lo referente a la necesaria proactividad que exige la recuperación económica post COV-19.

Sigue siendo actual el comentario de Drucker en su libro “El cambiante mundo del directivo”, publicado en 1982, que dice: “Seguramente nadie, ni siquiera los ministros de Hacienda, aceptan ya -como creíamos ingenuamente nosotros durante los años treinta, cuando asistí a las lecciones de Keynes en Cambridge- que los gobiernos posean la competencia y la honradez necesarias para administrar el dinero de una manera responsable y no política”. Las soluciones no vendrán principalmente desde arriba como en el teatro griego, donde la tragedia humana la resolvía el Dios al que se bajaba al escenario con una máquina.

No podemos cerrar el confinamiento, volviendo sin aprendizajes al punto cero, sin mejorar la base cultural empresarial sobre la que construir un tejido económico y social capaz de crear valor para todos. Ahora nos corresponde ejercer el autoliderazgo con un comportamiento ético basado en el ejemplo para lograr:

1. Desmitificar la figura heroica del emprendedor como personaje sobredotado.
2. Extender el pensamiento emprendedor para que el reto de la creación de valor incluya a los equipos y trabajadores que han de construirlo con su esfuerzo.
3. Ser tolerantes con el error y el fracaso porque son las oportunidades de aprendizaje. (6)
4. Desconfinar la pereza y repudiar la aversión al esfuerzo y la holgazanería tanto personal como grupal.
5. Mantener el equilibrio entre el optimismo y la confianza, utilizando tanto el cerebro emocional, como el lógico, para evitar los sesgos cognitivos y los errores sobre nuestras intuiciones.
6. Asegurar que las necesidades existentes y la propuesta de valor para cubrirlas sean piezas que encajen de la manera más perfecta posible, para que el proyecto de creación de valor tenga un éxito sostenible.
7. Aplicar entusiasmo y energía a la innovación y a la creación de proyectos inspiradores y con sentido, propios del pensamiento emprendedor.

Finalmente, volvemos a recordar que los Objetivos 2030 de la ONU, promovidos por el Pacto Mundial, son una gran oportunidad en esta década. Se trata de una ocasión extraordinaria para trabajar juntos y de forma coordinada en la mejora del mundo a través de los negocios.

Son cada vez más las organizaciones socialmente responsables que se toman en serio esa tarea y nos corresponde trabajar para que sigan aumentando en beneficio de todos.

«Ayúndanos a cambiar el mundo a través de los negocios.»
Pacto Mundial.

(1) Galán, J. ‘creación de valor’. Disponible en: https://economipedia.com/definiciones/creacion-de-valor.html 

(2) Christensen, K. ‘Entrevista a Michael Porter – La creación de valor compartido’. Disponible en: https://www.harvard-deusto.com/entrevista-a-michael-porter-la-creacion-de-valor-compartido

(3) Drucker, P. ‘Manual de autoevaluación de la Fundación Drucker’.

(4) Kahneman, D. ‘Pensar rápido, pensar despacio’. Página 439. Premio Nobel de economía.

(5) Gil, F. y Alcover, C. ‘Introducción a la psicología de los grupos.’

(6) Wendell Jones, O. ‘Una mente que ha sido expandida por la experiencia nunca vuelve a sus dimensiones originales’. Disponible en: https://emprendez.com/oliver-wendell-jones-jr-una-mente-que-ha-sido-expandida-por-la-experiencia-nunca-vuelve-a-sus-dimensiones-originales/

Artículo firmado por:

Carlos Padrón

Economista, Graduado en Ciencias Teológicas por la Universidad de Granada, exdirector y socio fundador del Grupo EBV Consultores, empresa dedicada a la consultoría de gestión y a formación en este campo. Es coautor del “Modelo e” de gestión estratégica.

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